Durante años tuve el mismo problema: empezaba muchos juegos, pero terminaba pocos. No era falta de interés, era algo más simple. No encontraba el momento para sentarme frente a la PC y jugar varias horas seguidas.

Mi primer intento de romper eso fue en 2024, cuando compré una Switch Lite. Una consola pequeña, con un catálogo más limitado, pero perfecta para sesiones cortas y directas.

switch lite gris

Pero el cambio real llegó en 2025, cuando compré la Steam Deck. No fue por potencia ni por curiosidad técnica, sino por algo mucho más básico: poder jugar tirado en la cama, en cualquier momento.

De pronto, avanzar en un juego ya no requería sesiones largas. Bastaban 20 o 30 minutos: abrir, jugar un rato, suspender y continuar después sin fricción.

Ese pequeño cambio terminó siendo más importante de lo que esperaba.

Además, algo que me sorprendió es que muchos de estos juegos ni siquiera están pensados para Linux. Aun así, corren bastante bien gracias a Proton, una capa que permite ejecutar juegos de Windows sin que tengas que preocuparte por configuraciones o compatibilidad.

steam deck inicio

Gracias a eso, empecé a retomar juegos que llevaba años dejando pasar. No porque ahora tenga más tiempo, sino porque el acceso es más fácil.

Antes, jugar era algo que tenía que planear. Ahora es algo que encaja en pequeños espacios del día, sin pensarlo demasiado. Y eso cambia completamente la relación con el backlog.

Es cierto que hoy existen opciones más potentes como la ROG Ally o la Lenovo Legion Go. La Steam Deck ya no es la más nueva ni la más fuerte, pero ese nunca fue el punto.

Para mí, lo importante es que convirtió algo esporádico en algo constante.\ Y gracias a eso, por fin empecé a terminar lo que jugaba.

…o bueno, más o menos.