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¿Cómo sabemos que tomamos la decisión correcta?

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La vida solo puede entenderse mirando hacia atrás, pero debe vivirse mirando hacia adelante

Philosophy Break

Hace tiempo que no escribo mucho. Y la verdad es que últimamente he estado pensando bastante en la incertidumbre.

Esa reflexión me llevó a leer un artículo sobre una idea de Søren Kierkegaard: la vida solo puede ser entendida mirando hacia atrás, pero debe vivirse hacia adelante.

Me parece una frase sencilla, pero mientras más la pienso, más incómoda me resulta.

Kierkegaard fue uno de los pensadores que terminaría influyendo en gran parte de la filosofía existencialista posterior. Y creo que vale la pena detenerse un momento en una de sus ideas más conocidas.

La explicación es relativamente simple. Nosotros vivimos en una sola dirección. No podemos ver el futuro ni conocer las consecuencias completas de nuestras acciones. Cada decisión se toma con información incompleta.

Incluso cuando nos detenemos a reflexionar, la vida sigue avanzando. Mientras intentamos resolver una duda, aparecen otras nuevas. Mientras evaluamos un camino, el tiempo sigue pasando.

Creo que cuando somos más jóvenes toleramos mejor esa incertidumbre. Elegir qué estudiar, dónde hacer prácticas o qué camino seguir son decisiones enormes, pero muchas veces las tomamos sin exigir demasiadas garantías. Sabemos que no tenemos todas las respuestas y aún así avanzamos.

Con el tiempo, al menos en mi experiencia, algunas decisiones comienzan a sentirse más pesadas. No necesariamente porque sean más importantes, sino porque somos más conscientes de todo lo que podría salir mal.

Y ahí aparece una pregunta que me resulta difícil de responder:

¿Cómo puedo confiar en mis propias decisiones cuando no tengo garantías de que sean correctas?

Me parece que parte del problema es que muchas veces no buscamos tomar una buena decisión. Lo que realmente buscamos es una garantía.

Queremos una especie de comprobante que nos confirme que estamos eligiendo bien. Una prueba de que dentro de cinco o diez años seguimos pensando igual. Una señal de que no nos arrepentiremos.

Pero la vida rara vez entrega algo así.

Las decisiones importantes suelen tomarse antes de que exista evidencia suficiente. No porque seamos irresponsables, sino porque el futuro todavía no existe para poder revisarlo.

Quizás por eso la frase de Kierkegaard sigue teniendo fuerza más de un siglo después. Cuando miramos hacia atrás es fácil construir una narrativa. Encontrar explicaciones. Conectar puntos que antes parecían aislados.

Pero cuando estamos en medio de la decisión, solo vemos posibilidades.

Probablemente nunca sepa si algunas decisiones fueron las correctas.

Lo único que puedo hacer es tomar la mejor decisión posible con lo que sé hoy y aceptar que el resto pertenece a la incertidumbre.

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